17:30 horas. El semáforo de Av. Universidad y circuito interior bosteza y
se pone en rojo. Mientras washawahseo distraídamente «We didn't start
the fire», un cardumen de limpiaparabrisas y vendecosas se abalanza y se
escurre entre los autos detenidos. Sé que por razones prácticas
prefieren los sedanes bajos que las camionetas, así que les ignoro.
Apenas noto cuando un hombre de unos 50 años se me acerca, y me ofrece
una hoja de papel. Pienso que sólo reparte publicidad, así que bajo el
cristal de la ventanilla.
05 febrero 2014
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Genrus
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04 noviembre 2013
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Genrus
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Visitaciones Entradas mínimas » Simulaciones
Hace algunos años (quizá no tantos), cuando todavía creía en la transparencia e imparcialidad de los concursos de diseño (carajo, entonces sí fue hace muchos), presenciaba la ceremonia de premiación («Amigos intercambiando cebollas», plata sobre gelatina de mamey) de los proyectos más destacados del certamen, cuando la chica (esbelta, hermosa, y con un vestido tan efímero como mi fe) que nombraba a los ganadores abrió el sobre para una de las categorías:
—Y el ganador es (tambores imaginarios mientras desdobla el papel).
—¡Desierto!
*grillos.mp3*
—¡Vamos! ¡Que pasen por su premio los integrantes del proyecto «Desierto»!
*un señor de traje se acerca al atril donde ella permanece expectante, y le susurra algo al oído. La chica tiene entonces una epifanía:
—¡Aaaay! ¡Pero qué tonta soy!
El quórum estalla en aplausos y risas (la esbelta mujer no dejó de sonreír o ser hermosa ni por un momento). La ceremonia continúa. Salgo del recinto y enciendo un cigarrillo. El bote de basura-cenicero está repleto de empaques vacíos de cosméticos que yo diseñé hace todavía más años. Sonrío. Me termino mi cigarro y vuelvo a la ceremonia (los canapés aunque escuetos, estaban buenísimos).
—Y el ganador es (tambores imaginarios mientras desdobla el papel).
—¡Desierto!
*grillos.mp3*
—¡Vamos! ¡Que pasen por su premio los integrantes del proyecto «Desierto»!
*un señor de traje se acerca al atril donde ella permanece expectante, y le susurra algo al oído. La chica tiene entonces una epifanía:—¡Aaaay! ¡Pero qué tonta soy!
El quórum estalla en aplausos y risas (la esbelta mujer no dejó de sonreír o ser hermosa ni por un momento). La ceremonia continúa. Salgo del recinto y enciendo un cigarrillo. El bote de basura-cenicero está repleto de empaques vacíos de cosméticos que yo diseñé hace todavía más años. Sonrío. Me termino mi cigarro y vuelvo a la ceremonia (los canapés aunque escuetos, estaban buenísimos).
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12 octubre 2013
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Un cuento
—Papá, ¿me cuentas un cuento?
—Hubo una vez un cuento.
—¿Ya? ¡Ay, Papá! ¡Eso no es ni poquito gracioso! Quiero que me digas un cuento.
—¡Pues a eso iba!
Verás; este era un cuento. Todas las mañanas despertaba, se espabilaba un poco las letras; se limpiaba los puntos y las comas, y se peinaba las tildes para que le quedaran parejitas. Una vez limpio y rutilante, se detenía a sentir cómo la historia transcurría dentro de sí; de principio a fin, con todos sus matices, sus vuelcos y sus enseñanzas. Por la noche se ponía la pijama, y se marchaba a dormir para esperar al siguiente día.
—¿Cómo? ¿Este es un cuento sobre un cuento?
—Sí. Te dije que iba a contarte sobre un cuento.
—¡Genial! ¿Y qué pasó después?
—Hubo una vez un cuento.
—¿Ya? ¡Ay, Papá! ¡Eso no es ni poquito gracioso! Quiero que me digas un cuento.
—¡Pues a eso iba!
Verás; este era un cuento. Todas las mañanas despertaba, se espabilaba un poco las letras; se limpiaba los puntos y las comas, y se peinaba las tildes para que le quedaran parejitas. Una vez limpio y rutilante, se detenía a sentir cómo la historia transcurría dentro de sí; de principio a fin, con todos sus matices, sus vuelcos y sus enseñanzas. Por la noche se ponía la pijama, y se marchaba a dormir para esperar al siguiente día.
—¿Cómo? ¿Este es un cuento sobre un cuento?
—Sí. Te dije que iba a contarte sobre un cuento.
—¡Genial! ¿Y qué pasó después?
07 julio 2013
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Zapatos Apostillas » Simulaciones
A la mayoría de los hombres nos gusta que las mujeres calcen zapatos de tacón alto. Son una indiscutible declaración de feminidad. Cada quién tendrá sus fantasías y sus razones, pero es indiscutible que, si se sigue un criterio promedio de elección —así se tratase de gemelas—, la que lleva zapatos altos estará siempre unos centímetros arriba en nuestras preferencias.
…derrotada y hastiada, la princesa eligió arrojarse desde lo alto de sus zapatos.
&
…derrotada y hastiada, la princesa eligió arrojarse desde lo alto de sus zapatos.
15 septiembre 2012
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¿Nada qué celebrar? Paronomasias » Simulaciones
No conozco todavía una celebración que viva exenta de reproches; que si la fecha elegida es arbitraria, que si es un invento comercial para vendernos merchandising relacionado, que si es un pretexto para volvernos jactanciosos, exhibicionistas, frívolos, desbordantes, histéricos, superficiales, y todo lo que ustedes gusten añadir. Sea San Valentín o Jalogüín, la navidad o la semana santa, siempre habrá quien esté dispuesto a desatar su retahíla de peros feroces. Dime qué celebras, y te convenceré de lo contrario.
Uno no ama a su familia porque sea grande o chica, disfuncional o feliz; la ama porque es suya. Con la patria ocurre algo similar. La patria no es la nación o el país, mucho menos el estado; la patria no ese pedazo de tierra que queda entre nuestras fronteras. La patria es un sentimiento de pertenencia, un conjunto de vínculos que nos ligan con todas las personas que comparten símbolos, cultura y emociones. La patria no es donde uno nace, la patria es de donde uno es.
Patria es convicción, no etnocentrismo. La patria es lo que hagamos juntos con ella; es esa responsabilidad que tenemos con nuestros semejantes, y ese compromiso ineludible de escribir su historia. Una historia que amén de sus tropiezos, nos haga sentirnos satisfechos para compartir con los demás. La patria es espíritu. Celebramos su ritual, porque queremos que viva.
Que viva México, cabrones.
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11 agosto 2011
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Seda Apologías » Libros
No queda tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante existirá, de ahora en adelante, existirá, hasta el final.
¿Cómo distinguir un cuento largo de una novela corta? La respuesta suele estar oculta en la narrativa; no tanto en las formas literarias como en el ritmo, la musicalidad que cada autor consigue imprimirle a su tono narrativo. Cortázar decía que, en esa batalla por acaparar la atención del lector, una novela debe ganar la contienda por puntos, mientras que un cuento debe hacerlo por Knock out. Los cuentos deben ser contundentes, mínimos de todo artificio que no lleve directamente al desenlace, mientras que la novela debería prepararte lentamente para llegar al final, así este resulte inesperado. Seda, de Alessandro Barico es un relato que transcurre sutilmente entre estas dos consideraciones. De ser una partitura, sería una melodía con sólo 3 acordes, a veces inaudibles y muchísimos silencios.
12 marzo 2011
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Ilustrar al Principito Búsquedas infinitas
Cursaba el 4º grado de primaria, cuando durante la clase de matemáticas el profesor arrebató el cuaderno de mi pupitre y lo miró. —¿¡Dibujitos!?— estalló. —¿Por qué estás haciendo dibujitos en vez de los quebrados? ¡Qué irresponsabilidad! ¿Qué va a pasar contigo cuando seas adulto, y tengas un empleo? ¿Te vas a poner a hacer dibujitos también?
&
Muchas de las personas que conozco dejaron de dibujar. Tal vez porque tenían cosas más importantes qué hacer, o quizá porque en algún momento alguien les dijo que no eran buenos dibujando, y se lo creyeron. Todos dibujábamos cuando éramos niños. No es que uno deje de dibujar porque deje de ser niño; uno deja de ser niño precisamente cuando deja de dibujar.


