27 febrero 2010
(por Genrus )

Escribir ahora, morir después. »

Estaba releyendo hace poco el post de las "Diez cosas qué hacer antes de morir" en el blog de Frech. Casi por antonomasia, llegué al cliché de sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Fue un buen sitio donde estacionar mis reflexiones. Ya he sembrado algunos árboles, así que puedo dar ese punto por cumplido. Soy papá de dos niñas a las que adoro, y podría abrirme un blog (sí, otro) para hablar del tema, así que según el propósito de esta entrada, punto cumplido, también. Resta entonces el tema del libro. ¿Es tan difícil escribir un libro? Consulté al oráculo (Google), y me encontré con muchas opiniones interesantes.



Quitando textos en blogs, redes sociales y comunidades en línea, mi currícula literaria (¡ja!) se reduce a unos cuantos cuentos que escribí con esa vieja fórmula de la inspiración: tuve alguna idea, y la escribí más por no olvidarla, que por pretender que trascendiera. Hace poco, mi prima Nobabi me sugirió que participara en un concurso de cuentos. Pensé que era buena idea, así que puse manos a la obra.

Como en toda tarea creativa, llegó un momento en el que no supe exactamente qué hacer con la historia. Me detuve un momento a googlear (¡cómo me gusta ese verbo!) buscando métodos, técnicas, y similares, y me encontré con varias joyas.

Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Roberto Bolaño.

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
  1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
  2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
  3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
  4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
  5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
  6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
  7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
  8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
  9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
  10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
  11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
  12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
(*) Estos consejos, los encontré en un foro de literatura plagado de HOYGANS. Llegó un momento, en que los comentarios de estas aberraciones del interné, fueron más divertidos que la misma lista de consejos: ¡Muy mal el autor! ¿Cómo se atreve a 'desrecomendar' a un colega escritoooor?

10 secretos

Pablo Nicoli Segura

  1. El inicio debe atrapar al lector, la Metamorfosis de Kafka es un buen ejemplo. “Cuando Gregorio Sansa despertó se vio convertido en un monstruoso insecto…”
  2. La técnica del dato escondido siempre da buen resultado. Es decir, hacerle oler, luego lamer el chocolate al lector e írselo entregándoselo por dosis a lo largo del escrito, hasta que finalmente llegue a lo más delicioso, el relleno.
  3. Salvo que dominemos la belleza absoluta de la palabra, sin pasarnos de un género a otro (de narrativa a poesía) trabajemos nuestro cuento en base a buenos argumentos. Si conseguimos contarle oralmente nuestra historia a alguien y esta gusta por su trama, habremos ganado el 50% de la batalla. Iniciaremos con ventaja.
  4. Olvidemos las presentaciones inútiles de los personajes o sus quehaceres cotidianos, presentemos desde un inicio la acción, el conflicto.
  5. Si una palabra puede ser quitada de nuestro cuento y no afecta en nada su estructura, entonces quitémoslas. Seamos breves y precisos en lo que decimos. El cuentista debe ser un ahorrador de palabras.
  6. No utilicemos muchas veces la misma palabra; utilicemos sinónimos para enriquecer el lenguaje.
  7. -Narrar en primera persona siempre logrará una narración más convincente.
  8. -Consultemos la apreciación sobre los finales de nuestros cuentos con nuestros amigos o personas que lean o escriban. García Márquez lo hacía a veces, ¿por qué no nosotros? No olvidemos que generalmente el final es lo que quedará revoloteando o no en la mente del lector.
  9. El final debe ser una cachetada al lector, o un jaque mate. La novela gana la contienda por puntos, el cuento por N.K (Cortázar).
  10. A veces un buen final resulta de otra técnica conocida como el engaño. “La encontraron muerta, aplastada sobre la alfombra y la habitación estaba cerrada por dentro” (al final del cuento y de todas las averiguaciones del investigador, resulta que la víctima era una mosca).
(*) Varios HOYGANS discutían alegremente en ese foro; hablaban de que los consejos de Bolaño eran pura KK (sic), y que la onda era escribir con el alma, y con el corazón, hasta que (sin éxito, por supuesto), el autor de esta lista quiso explicarles el significado del sarcasmo. Nunca falla que están los foreros en plena campal, y llega alguien a lamentarse de la pléyade de idioteces que se dicen, a poner un comentario inteligente, y de paso a acabar con la diversión.


Decálogo

Julio Ramón Ribeyro

  1. El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.
  2. La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real.
  3. El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
  4. La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.
  5. El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
  6. El cuento debe sólo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
  7. El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
  8. El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
  9. En el cuento no debe haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
  10. El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.
  11. La observación de este decálogo, como es de suponer, no garantiza la escritura de un buen cuento. Lo más aconsejable es transgredirlo regularmente, como yo mismo lo he hecho. O aún algo mejor: inventar un nuevo decálogo.
(*) Para cuando alguien aportó esta lista del escritor peruano, los HOYGANS —que son criaturas que se aburren pronto— se habían ido a trollear a otro sitio. La sabiduría suele ahuyentar a las masas.


La búsqueda me llevó a través de textos de Cortázar hasta Baudelaire, de Borges a Chejóv, hasta que, absorto en mi lectura, recordé que debía seguir con mi cuento pues la hora límite se acercaba. Escribir es un oficio, y como todo oficio, requiere práctica, constancia y autocrítica. Muchos quisiéramos escribir un libro. Pero decir "voy a escribir un libro", es equivalente a decir "voy a correr el maratón". Salvo que seas Samuel Kamau, Si te levantas un día por la mañana, y quieres correr 42km, probablemente te sientas frustrado antes de completar la milla. Se necesita ir paso a paso, tener un plan, alcanzar y trazarse metas cada vez más altas, etc. Eso sin duda lleva tiempo. La gente que no ha escrito un libro, es porque quizá simplemente no ha comenzado.