03 enero 2016
(por Genrus )

II. »

No sé por qué dejé de escribir en este blog. Supongo que sentí que ya se había agotado un poco todo lo que tenía por decir. No sé por qué todos mis blogs, en algún momento de su corta o larga existencia llegan a tener una entrada como esta, en la que más que justificar mi abandono, intento renconciliarme un poco con el propósito con el que los abrí.

Inicié esta bitácora porque quería un blog blanco. Y así lo llamo desde entonces.  Aquí suelo narrar mis anécdotas o lo que opino sobre muchas cosas, y poco a poco fui sintiendo que ya estaba hecho, que ya no me quedaba mucho por contar. Que este sitio ya se sabía buena parte de mi vida, de mis libros, de mis cosas. Observo que no publiqué nada en todo 2015. No me daba cuenta cuánto estaba cambiando mi vida todo ese año. Como con mis otras bitácoras, no planeo infligirme una periodicidad en las entradas, hacer que «se trate de algo», o buscar continuidad con lo que he hecho hasta entonces. Como casi siempre, tengo ganas de dejarme llevar por la intuición. Porque aunque a veces sea más temerosa de lo que puedo soportar, por lo general tiene algo interesante qué decirme

23 diciembre 2014
(por Genrus )

Epistolar »

—¿Qué haces, Mati?
—Le hago mi carta a Santa Claus.
—Ams... Todavía crees en Santa, ¿cierto?
—Sí, papá. Definitivamente. Muchos niños de mi clase ya no creen en él. Saben que son los padres los que compran los regalos, y ya ni siquiera se toman la molestia de escribirle cartas. También les pasa a los Reyes Magos y al Ratón Pérez. Pero yo creo que para que las cosas sucedan, tienes que hacerle saber a los demás que quieres que sucedan. Y lo padre de una carta es que así no tienes que decirlas muchas veces. Mira. ¿Te gusta? ¡Todavía me falta colorearla!

Mi pequeña de 10 años sigue con lo suyo, mientras yo me quedo pensando en cómo la ilusión no tiene necesariamente que ver con la inocencia. Sonrío mientras busco eso que quiere en internet.

05 febrero 2014
(por Genrus )

Do mayor » »

17:30 horas. El semáforo de Av. Universidad y circuito interior bosteza y se pone en rojo. Mientras washawahseo distraídamente «We didn't start the fire», un cardumen de limpiaparabrisas y vendecosas se abalanza y se escurre entre los autos detenidos. Sé que por razones prácticas prefieren los sedanes bajos que las camionetas, así que les ignoro. Apenas noto cuando un hombre de unos 50 años se me acerca, y me ofrece una hoja de papel. Pienso que sólo reparte publicidad, así que bajo el cristal de la ventanilla.

04 noviembre 2013
(por Genrus )

Visitaciones »

Hace algunos años (quizá no tantos), cuando todavía creía en la transparencia e imparcialidad de los concursos de diseño (carajo, entonces sí fue hace muchos), presenciaba la ceremonia de premiación («Amigos intercambiando cebollas», plata sobre gelatina de mamey) de los proyectos más destacados del certamen, cuando la chica (esbelta, hermosa, y con un vestido tan efímero como mi fe) que nombraba a los ganadores abrió el sobre para una de las categorías:

—Y el ganador es (tambores imaginarios mientras desdobla el papel).
—¡Desierto!

*grillos.mp3*

—¡Vamos! ¡Que pasen por su premio los integrantes del proyecto «Desierto»!

*un señor de traje se acerca al atril donde ella permanece expectante, y le susurra algo al oído. La chica tiene entonces una epifanía:

—¡Aaaay! ¡Pero qué tonta soy!

El quórum estalla en aplausos y risas (la esbelta mujer no dejó de sonreír o ser hermosa ni por un momento). La ceremonia continúa. Salgo del recinto y enciendo un cigarrillo. El bote de basura-cenicero está repleto de empaques vacíos de cosméticos que yo diseñé hace todavía más años. Sonrío. Me termino mi cigarro y vuelvo a la ceremonia (los canapés aunque escuetos, estaban buenísimos).

12 octubre 2013
(por Genrus )

Un cuento

—Papá, ¿me cuentas un cuento?
—Hubo una vez un cuento.
—¿Ya? ¡Ay, Papá! ¡Eso no es ni poquito gracioso! Quiero que me digas un cuento.
—¡Pues a eso iba!

Verás; este era un cuento. Todas las mañanas despertaba, se espabilaba un poco las letras; se limpiaba los puntos y las comas, y se peinaba las tildes para que le quedaran parejitas. Una vez limpio y rutilante, se detenía a sentir cómo la historia transcurría dentro de sí; de principio a fin, con todos sus matices, sus vuelcos y sus enseñanzas. Por la noche se ponía la pijama, y se marchaba a dormir para esperar al siguiente día.

—¿Cómo? ¿Este es un cuento sobre un cuento?
—Sí. Te dije que iba a contarte sobre un cuento.
—¡Genial! ¿Y qué pasó después?

07 julio 2013
(por Genrus )

Zapatos »

A la mayoría de los hombres nos gusta que las mujeres calcen zapatos de tacón alto. Son una indiscutible declaración de feminidad. Cada quién tendrá sus fantasías y sus razones, pero es indiscutible que, si se sigue un criterio promedio de elección —así se tratase de gemelas—, la que lleva zapatos altos estará siempre unos centímetros arriba en nuestras preferencias.

&

…derrotada y hastiada, la princesa eligió arrojarse desde lo alto de sus zapatos.

15 septiembre 2012
(por Genrus )

¿Nada qué celebrar? »


No conozco todavía una celebración que viva exenta de reproches; que si la fecha elegida es arbitraria, que si es un invento comercial para vendernos merchandising relacionado, que si es un pretexto para volvernos jactanciosos, exhibicionistas, frívolos, desbordantes, histéricos, superficiales, y todo lo que ustedes gusten añadir. Sea San Valentín o Jalogüín, la navidad o la semana santa, siempre habrá quien esté dispuesto a desatar su retahíla de peros feroces. Dime qué celebras, y te convenceré de lo contrario.

Uno no ama a su familia porque sea grande o chica, disfuncional o feliz; la ama porque es suya. Con la patria ocurre algo similar. La patria no es la nación o el país, mucho menos el estado; la patria no ese pedazo de tierra que queda entre nuestras fronteras. La patria es un sentimiento de pertenencia, un conjunto de vínculos que nos ligan con todas las personas que comparten símbolos, cultura y emociones. La patria no es donde uno nace, la patria es de donde uno es.

Patria es convicción, no etnocentrismo. La patria es lo que hagamos juntos con ella; es esa responsabilidad que tenemos con nuestros semejantes, y ese compromiso ineludible de escribir su historia. Una historia que amén de sus tropiezos, nos haga sentirnos satisfechos para compartir con los demás. La patria es espíritu. Celebramos su ritual, porque queremos que viva.

Que viva México, cabrones.