07 julio 2013
(por Genrus )

Zapatos »

A la mayoría de los hombres nos gusta que las mujeres calcen zapatos de tacón alto. Son una indiscutible declaración de feminidad. Cada quién tendrá sus fantasías y sus razones, pero es indiscutible que, si se sigue un criterio promedio de elección —así se tratase de gemelas—, la que lleva zapatos altos estará siempre unos centímetros arriba en nuestras preferencias.

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…derrotada y hastiada, la princesa eligió arrojarse desde lo alto de sus zapatos.


La primera razón que me viene a la mente es el porno, la piedra angular de nuestra educación sexual. Lo primero que aprendemos sobre sexo activo, lo hacemos mirándolo. Y es que ¿qué se puede aprender de esos costosos libros que muestran cortes anatómicos de las áreas genitales? El porno es un recurso mucho más accesible. Desde luego, está lleno de clichés y de mitos, pero éstos también abundan en el cine y la literatura, y eso no los vuelve menos disfrutables. Alguna vez leí que los sets cinematográficos del porno, —al igual que todos los sets— estaban llenos de cables, tachuelas, grapas, y demás residuos de montaje, y que por ello las mujeres solían dejarse puestos los zapatos para reducir el riesgo de enterrarse alguno. Sí, claro. Y durante las intervenciones militares en la selva, los soldados usan casco para no ensuciarse el cabello de cacas de paloma.

Los zapatos de tacón son un accesorio erótico al igual que la lencería, la ropa de látex, o las falditas de colegiala. Pero de todos los ejemplos anteriores, son los zapatos los que podemos mirar con frecuencia en la calle. Los hombres amamos mirar. No digo que a las mujeres no les guste, pero especialmente a nosotros, el deseo nos entra a través de la mirada (lo cual también explica por qué —otra vez en promedio— solemos ser más ávidos de porno que las mujeres).
Pero el atractivo de los zapatos de tacón no se reduce a imaginar cómo se vería tal o cual par sobre nuestros hombros. Los tacones hacen parecer más largas las piernas, más pequeño el pie, aumentan un poco la estatura, y sobretodo, hacen lucir mucho más estilizada la figura femenina. Se dice que Luis XVI, siendo tan vanidoso y tan bajito, fue quien promovió su uso con tal de ganar un poco de altura, y usando como pretexto que el tacón ayudaba a sujetar el pie a los estribos para practicar la equitación. Toda su corte optó por imitarlo, y así fue como irreversiblemente los zapatos altos se volvieron sinónimo de elegancia, del que con el paso del tiempo siguieron apropiándose las mujeres. La elegancia es sexy. Se nota cuando una mujer se siente cómoda usándolos. Porque todos sabemos de sus desventajas ortopédicas: distribuyen el peso del cuerpo de forma desigual, obligando a las articulaciones de las piernas a trabajar de más para compensar el equilibrio, deforman y lesionan el pie, y todo lo que sigan revelando estudios hechos por universidades que nadie había oído mencionar antes.

Una mujer que camina con zapatos altos, camina desafiando todas las consideraciones anteriores. Una vez que ha conseguido hacerlo con gracia, pareciera que nada puede detenerla. Y con ello transmite una seguridad que es difícil pasar por alto. Si además puede bailar salsa en una pista de baile, señorita equilibrio, tómeme: soy de usted. No podría explicar por qué los zapatos con esa pequeña plataforma al frente me resultan tan sensuales, por qué en algunos casos la pulsera que los sujeta al tobillo los vuelve irresistibles, o por qué si son negros o rojos se ven todavía más sensuales que en cualquier otro color. También es difícil explicar por qué los zapatos de plataforma completa (que tanto recomiendan los ortopedistas), los que tienen un frente puntiagudo, o esos que parecen sandalias griegas me resultan tan declaradamente feos y anti eróticos. De los hechos con acrílico transparente (porque se ven como de puta, y no todas las putas son sensuales), o con un corte excesivamente exótico mejor ni hablamos.

Lo que es un hecho, es que disfruto mucho más el sexo cuando la mujer con la que estoy calza unos zapatos que me gustan. Me cuesta trabajo no mirar a una mujer que calza elegantemente unos zapatos altos. Tal vez me hayan hecho daño esos años en la academia de artes plásticas, pero aún al día de hoy, si miro a una mujer completamente desnuda, me dan ganas de dibujarla. Si miro a una mujer desnuda usando zapatos altos, me dan ganas de cogérmela. O al menos de dibujarla usando unos tacones que me gusten. No lo sé. Nunca lo he sabido. Algunos mecanismos del deseo no están allí para que los comprendamos, sino simplemente para dejarnos arrastrar por ellos.

Un Comentario:

Aránzazu Hernández dijo...

...porque hay princesas que quieren caer desnudas en los dedos manchados de tinta de quien las sabe mirar.

El onirismo del deseo siempre nos fertiliza.
Siempre es interesante escuchar la perspectiva de un hombre en ciertas cosas.

Me encanta escucharte. Lo sabes.

La cochambrossa.