25 septiembre 2010
(por Genrus )

100 años de Universidad Nacional » »


Aunque supe de ella desde siempre, hace apenas 3 años que conocí a esa señora que el 22 de septiembre pasado cumplió su primer centenario; la web entonces se llenó de reseñas donde palabras como "crisol", "patrimonio", "alma" (mater y no mater), "faro", etc. se repetían constantemente. Algunas escritas por sesudos reseñistas de fluída prosa, otras —no por ello menos emotivas— por entusiastas grupies azul y oro. Tan diferentes como sus autores; estudiantes, académicos, investigadores, y gente que simplemente la rola por Ciudad Universitaria, pero todas convergentes en el júbilo que causa pertenecer a nuestra Máxima casa de estudios.

Definitivamente no me imagino a un México sin la UNAM, una institución que permite todas las ideologías, y cuya utilidad para la nación es indiscutible. Con un presupuesto anual(1) similar al salario de Oswaldo Sánchez (El arquero del Santos gana un poquito más), la UNAM se hace cargo de la mitad de la investigación que se hace en este país, sigue produciendo profesionistas de alto rango, es la única que figura decorosamente en los rankings internacionales, y su peso ético es definitivo.

Estamos de fiesta. Es tu cumpleaños número cien, y todos queremos celebrarlo. Pero por favor, señora bonita; no seas malvada, y date siquiera una peinadita.


Apenas supe de dónde podía tomar café, dónde estaban mi escritorio y mi lugar en el organigrama, y ese tipo de cosas que uno averigua cuando es recién contratado, pregunté por los guidelines de imagen universitaria. —¿Los qué?— Dale, no sé cómo le llamen. Quiero el manual de estrategias comunicacionales de la UNAM, la guía de manejo de identidad, algo así. Mis nuevos jefes me miraron con incredulidad. Se miraron entre ellos. —¿Que quieres qué?

Desde luego no esperaba que hubiera algo como la estricta charte graphique de Air France —empresa para la que solía trabajar— donde yerros milimétricos son inaceptables, pero supuse que debía haber algo. Algo que por lo menos hablara sobre los colores. ¿"Azul" y "oro"? ¿No los tienen expresados en Pantones, o en hexabinario? Tuve que emprender una ardua investigación antes de dar con dos párrafos naufragados en el océano de la ley orgánica escritos en 1978 que medio tocan el tema. Fue mi primera lección sobre autonomía universitaria: la información es patrimonio de quien la genera, y se defenderá con la vida el derecho a difundirla y a incluír gifs animados del logo en la cabecera si así se le considera pertinente.


Al principio supuse que el que la importancia de la UNAM nunca esté en entredicho la volvía soberbia al respecto; el asunto es sin duda bastante más complejo. Aunque las excepciones existen, el desdén de la Universidad por mantener una identidad visual es generalizado. Los exiguos intentos de unificación suelen estrellarse contra el discurso de quienes defienden su carácter plural, y contra una habitualmente malentendida actitud de que el hábito no hace al monje. La Guía de Universidades que publica semestralmente el periódico El Universal es un buen ejemplo de lo que quiero decir: Está bien que, a diferencia de instituciones privadas consolidadas, o de las muchas universidades que han proliferado gracias a la incapacidad de los gobiernos de satisfacer las demandas de educación superior, la UNAM no necesite anunciar (con imágenes) que tiene a las chavas más guapas, o las instalaciones más nice; pero no veo por qué llegar al extremo de que su sección dentro de la guía parezca una página del Diario Oficial de la Federación entre los layouts cuidadosamente armados del resto de las universidades.


Habitar el arte: "Arquitectura fiel a su momento y respetuosa de su entorno y circunstancia", "amalgama de tradición y vanguardia del momento, de lo local con lo universal", y un montón de discursos que siempre quedarán cortos. La Bibilioteca Central es una preciosa obra de arte con edificio incluído. Invitamos al apreciable lector fan hardcore de la UNAM a pasar una tarde de verano en alguna de las oficinas interiores, y a que nos cuente cómo es trabajar en una gran caja de zapatos sin ventanas.



A mediados del siglo pasado, el proyecto de construcción de la Ciudad Universitaria vino acompañado por un inmenso entusiasmo entre arquitectos, ingenieros, artistas y otros profesionales de la época, quienes hicieron el trazo... acorde con las vanguardias estéticas de la época. El tiempo, que vivifica lo que es grande, y devora lo que es pequeño se ha ocupado de resaltar las cualidades históricas de los edificios, murales y sitios emblemáticos, y de dejar a su suerte a todas aquellas edificaciones menos agraciadas. En los circuitos se transita entre lo deliciosamente retro y lo inadmisiblemente anticuado. La universidad valora ampliamente los contrastes: la flotilla del pumabús cuenta unidades Mercedes Benz de primer mundo, y también con autobuses FAW comprados en Elektra.



Aunque la arquitectura suele resistir un poco mejor el embate de los tiempos, no por ello debe permanecer estática; en 2005 se creó una oficina encargada de coordinar todo proyecto encaminado a generar nueva infraestructura o a adecuar la existente a las necesidades de la creciente comunidad universitaria. Es otra vez el tiempo quien se encargará de determinar el éxito o fracaso de esta iniciativa, pero por sí sola, su existencia demuestra un interés en mantener el entorno renovado y vigente de cara al futuro. ¿Por qué entonces este interés no llega a otras esferas de la identidad universitaria? Elegir "por tradición" como respuesta, me parece poco autocrítico. Quitando facultades como la de Filosofía y Letras, o Institutos como el de Ingeniería, o el de Química, que tuvieron el atino de elegir logotipos con la capacidad de trascender en el tiempo, son contadas las entidades que han entendido la necesidad de este ejercicio de renovación identitaria. Si bien es cierto que Institutos como el de Investigaciones Biomédicas o el de Geología seguirán aportando grandes conocimientos a la ciencia no obstante sus horribles logotipos, no creo que un poco de interés en ese tema estaría de sobra.


Ya, en serio. ¿Eso es el logo de los festejos? ¿No había diseñadores, artistas visuales, o algo parecido en el jurado? De acuerdo, la UNAM no iba contratar a Teran TBWA, o a alguna otra costosísima agencia de publicidad, pero... ¿eso? Estuve reticente a compartir mi opinión al respecto; en primer término por respeto a los colegas, y en segundo porque es muy difícil hacer una crítica no favorable sin sonar a que estás molesto por no haber podido participar. Para alivio de mis culpas, noté que colegas de otras dependencias también le quitaron ese horrible fondo al 100.

A diferencia de lo organizado por el Gobierno de la República, que consistió básicamente en imprimir etiquetas "del Bicentenario" para ponérselas a todo, los festejos del Centenario de la UNAM no estuvieron llenos de fuegos pirotécnicos, no hubo costosos desfiles, Colosos ambiguos, ni polémicos temas musicales oficiales(2), y sí en cambio eventos académicos, actividades culturales y deportivas; en palabras del Rector, los festejos del centenario constituyen el reto de tejer las bases de un “puente que transite por este siglo y conduzca el destino de la Universidad durante las próximas décadas”. Ovación total. Se convocó entonces a un concurso exclusivamente para estudiantes inscritos para crear el logotipo de los festejos, cuyo resultado casi acaba con mi ánimo festivo. A ello le siguieron maravillosos carteles con mensajes tan emotivos como los ingredientes de una cajita de chicles, y tan ingeniosos como un captcha: "100te la Universidad. Estamos ha100do historia."(3)



La huelga de 1999 fue un duro golpe al prestigio universitario. Y aunque éste se ha ido restaurando poco a poco gracias al apego a los valores que le dieron origen, creo que la Universidad necesita como nunca antes una imagen sólida hacia el exterior; una imagen erigida sobre el cabal cumplimiento de sus funciones sustantivas —que es lo que verdaderamente importa—; que sepa como sabe que el hábito no hace al monje, pero que tampoco se olvide de aquello de que como te ven te tratan. Felicidades por tus primeros 100 años, querida Universidad.


(1) Fuente: Portal de estadísticas Universitarias.
(2) De todas formas, no dejo de pensar que hubiera estado buena onda que alguien hubiera propuesto a Ginny Hoffman y Álex Lora para componer el "Tema del Centenario" de la UNAM, nadamás por el gusto de burlarse del asunto.
(3) Atento aviso a mis jefes: Ya, en serio. Si recibo otra broma suya con el número 100 por correo, Skype, MSN, o en el corcho de mi cubículo, vomitaré.